La Columna Política Desde Nuevo Laredo:…”MATEO LEVÍ”….De: Carlos Domínguez

      
    Mateo, el séptimo de los apóstoles, fue escogido por Andrés. Mateo pertenecía a una familia de cobradores de impuestos, o publicanos; él mismo era un recaudador de aduanas en Capernaum, donde vivía. Contaba con 31 años, era casado y tenía cuatro hijos. Era un hombre de moderada riqueza, el único de los que pertenecían al cuerpo apostólico con ciertos recursos.
    Jesús nunca le puso un apodo a Leví, pero sus hermanos apóstoles se referían a él como “el que consigue dinero”.
         
    El punto fuerte de Leví era su entusiasta devoción a la causa. El hecho de que él, un publicano, hubiera sido aceptado por Jesús y sus apóstoles, llenaba de gratitud a este ex-recaudador de impuestos. Sin embargo, el resto de los apóstoles necesitó un poco de tiempo, sobre todo Simón el Zelote y Judas Iscariote, para admitir la presencia del publicano entre ellos.
     
    La debilidad de Mateo era su visión miope y materialista de la vida. Pero en estos asuntos progresó mucho conforme pasaron los meses. Como tenía el deber de surtir la tesorería, es natural que no pudiera estar presente en muchos de los periodos más preciosos de instrucción.
         
    Lo que Mateo más apreciaba del Maestro era su tendencia a perdonar. Nunca dejaba de repetir que la fe era lo único que se necesitaba para encontrar a Dios. Siempre se complacía en referirse al Reino como “este asunto de encontrar a Dios”.
     
    Aunque Mateo era un hombre que tenía su pasado, daba una excelente impresión de sí mismo y según pasó el tiempo, sus asociados se enorgullecieron de las acciones del publicano. Fue uno de los apóstoles que escribieron amplias notas sobre los dichos de Jesús, y estas notas se utilizaron para la subsecuente narrativa de Isador sobre los dichos y hechos de Jesús, que ha llegado a conocerse como el Evangelio según Mateo.
     
    Mateo recibía las donaciones ofrecidas libremente por los discípulos creyentes y de los que escuchaban las enseñanzas del Maestro, pero nunca solicitó abiertamente fondos entre las multitudes. Hizo todo su trabajo financiero de una manera discreta y personal, recaudando la mayor parte del dinero entre la clase más pudiente de los creyentes interesados. Entregó toda su modesta fortuna a la obra del Maestro y sus apóstoles, pero ellos nunca se enteraron de esta generosidad, salvo Jesús, que sabía todo al respecto.
     
    Mateo dudaba en contribuir abiertamente a los fondos apostólicos, por temor a que Jesús y sus asociados pudiesen considerar que su dinero era indigno; de manera que dio mucho de lo suyo a nombre de otros creyentes. Durante los primeros meses, cuando Mateo se dio cuenta que su presencia entre ellos era más o menos una prueba, muchas veces tuvo la tentación de hacerles saber que con su dinero se compraba a menudo el pan cotidiano, pero jamás lo hizo. Cuando afloraba el desdén del grupo por el publicano, Leví ardía en deseos de revelarles su generosidad, pero siempre consiguió callar.
         
    Cuando no alcanzaban los fondos para hacerle frente a los gastos estimados de la semana, Leví recurría a sus propios recursos haciendo generosas aportaciones. Otras veces, cuando le resultaban excepcionalmente fascinantes las enseñanzas de Jesús, se quedaba para escucharlas, sabiendo que aportaría de su bolsillo para compensar los fondos necesarios que no había ido a solicitar.
     
    Pero, ¡cuánto deseaba Leví que Jesús supiera que buena parte del dinero provenía de su bolsillo! No se daba cuenta que el Maestro lo sabía todo. Los apóstoles murieron sin saber que Mateo fue su benefactor, a tal extremo que cuando fue a proclamar el Evangelio del Reino después del comienzo de las persecuciones, estaba en la miseria.
         
    Cuando estas persecuciones obligaron a los creyentes a dejar Jerusalén, Mateo viajó al norte, predicando el Evangelio del Reino y bautizando a los creyentes. Sus antiguos asociados apostólicos perdieron todo contacto con él, pero siguió predicando y bautizando en Siria, Capadocia, Galacia, Bitinia y Tracia. Y fue en Tracia, en Lisimaquia, donde ciertos judíos infieles conspiraron con los soldados romanos para darle muerte.
     
    Este publicano regenerado, murió triunfante en la fe de una salvación que había adquirido con absoluta seguridad en las enseñanzas del Maestro durante su estancia en la Tierra. (CONTINUARÁ EL PRÓXIMO DOMINGO)
     
    Por hoy es todo, pero mañana estaremos nuevamente en estos espacios de las redes sociales, Dios mediante.
     
    CDR.
    Periodismo Independiente.
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