ULTIMAS NOTICIAS

¿Glosa o simulación en el Congreso de Tamaulipas?

Víctor Hugo Martínez

La glosa del cuarto informe del gobierno de Tamaulipas sobre el papel es un ejercicio de rendición de cuentas: funcionarios que comparecen, legisladores que preguntan, cifras que se contrastan.

En el discurso, diálogo, transparencia y apertura. En la práctica, la duda persiste.

Porque el problema no es si comparecen. Es cómo comparecen.

En Tamaulipas, bajo el gobierno de Américo Villarreal Anaya y con una mayoría legislativa de Morena, el riesgo es claro: que el Congreso se convierta en una sala de validación más que en un espacio de fiscalización.

Un escenario donde las preguntas incómodas se diluyen y las respuestas se vuelven trámite.

Al continuar con el ejercicio a partir de este lunes 13 de abril la prueba no está en el calendario, sino en los temas que pesan.

Seguridad, por ejemplo. El fenómeno de las desapariciones sigue siendo una herida abierta, una que no se cierra con cifras ni discursos.

¿Habrá preguntas que incomoden o solo respuestas que administren la crisis?

En salud, el panorama tampoco es menor. La crisis de medicamentos, las carencias en infraestructura y los señalamientos constantes han colocado al sistema en una zona frágil. No es solo un tema administrativo, es un asunto que toca la vida diaria.

Sin embargo, la tentación de reducirlo a informes técnicos siempre está ahí, como si el lenguaje pudiera suavizar la realidad.

A eso se suma otra presión que crece en silencio: el campo. Los productores agrícolas enfrentan una combinación de sequía, costos y políticas que no terminan de aterrizar.

Una “bomba de tiempo” que, si no se atiende, puede estallar más allá de lo económico.

¿Habrá espacio para reconocerlo o se quedará en notas al pie?

La glosa, en teoría, es el momento para mirar de frente esas grietas. 

Pero para que eso ocurra, se necesita algo más que presencia institucional. Se necesita oposición real, particularmente de la fracción del PAN, que hoy parece más reactiva que incisiva, además de cuestionamientos duros y voluntad de incomodar. 

De lo contrario, el ejercicio corre el riesgo de convertirse en un espejo donde el poder solo se mira a sí mismo.

Porque si no hay contraste, si no hay tensión, si no hay reconocimiento de fallas, la glosa deja de ser rendición de cuentas.

Se convierte, simplemente, en simulación.

Y entonces, la vigilancia ya no recae en el Congreso… sino en una sociedad que no puede darse el lujo de mirar hacia otro lado.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *