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GUERRA SUCIA EN EL SNTE: CUANDO EL MIEDO REVELA AL FAVORITO: MELÉNDEZ.

En la política sindical hay una regla no escrita: cuando comienzan los ataques desmedidos, es porque alguien ya se volvió incómodo… o peligroso.

Eso es exactamente lo que hoy ocurre en Tamaulipas.

En los últimos días ha circulado una ofensiva digital cargada de acusaciones graves, discursos alarmistas y narrativas casi cinematográficas en contra del profesor Enrique Meléndez Pérez. Publicaciones largas, estructuradas como “expedientes”, saturadas de señalamientos sin pruebas visibles y diseñadas más para impactar emocionalmente que para informar.

No es casualidad.

Cuando un perfil empieza a crecer entre la base magisterial, cuando logra simpatía real y se posiciona como una alternativa viable dentro de la Sección 30 del SNTE, automáticamente se convierte en objetivo.

Y ahí aparece la vieja confiable: la guerra sucia.

No es la primera vez que ocurre. En el sindicalismo —como en la política tradicional— el control no solo se disputa en las urnas, sino en la narrativa.

Desprestigiar antes de que el adversario llegue, sembrar duda antes de que crezca, golpear antes de que se consolide.

Lo que llama la atención en este caso no es solo el ataque, sino su intensidad.

Se intenta construir una imagen de peligro, de amenaza, de crisis… como si el simple hecho de que Meléndez Pérez busque encabezar un proyecto representara un riesgo mayor que el estado actual del sindicato.

Y eso dice mucho.

Porque cuando el sistema reacciona así, no es por debilidad del señalado, sino por el temor de quienes ven en él una posibilidad real de cambio.

Hoy el magisterio tamaulipeco no es el mismo de antes. Hay una base más informada, más crítica y menos dispuesta a aceptar verdades impuestas desde redes anónimas o campañas dirigidas.

Por eso, esta guerra sucia podría tener el efecto contrario.

En lugar de frenar, podría fortalecer.

En lugar de debilitar, podría posicionar aún más.

La pregunta de fondo no es si Enrique Meléndez es perfecto —ningún actor político lo es—, sino por qué, justo ahora, se intenta instalar una narrativa tan agresiva en su contra.

¿A quién incomoda?

¿Quién tiene tanto que perder?

Porque en política, cuando los ataques se vuelven personales y desproporcionados, casi siempre hay una sola explicación:

Alguien ya se perfila como el rival a vencer.

Y en Tamaulipas, todo indica que esa historia apenas comienza.

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