Víctor Hugo Martínez
El Congreso de Tamaulipas aprobó una reforma electoral que promete austeridad en los gobiernos municipales y legislativos, pero que también abre el debate sobre su impacto real en la operación pública.
Con el respaldo de la mayoría de Morena, el Congreso local dio luz verde a la llamada reforma electoral o “Plan B”, enviada por la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, que modifica los artículos 115 y 116 de la Constitución, además de adicionar disposiciones en materia de uso de recursos públicos.
Entre los cambios más relevantes está la reducción en el número de regidores en los ayuntamientos, que ahora tendrán un límite de hasta 15 integrantes, bajo criterios de paridad de género y representación equilibrada.

La reforma también establece que los congresos estatales no podrán destinar más del 0.70 por ciento del presupuesto total de cada entidad, como parte de una política de austeridad que busca reducir el gasto público.
Además, se contemplan ajustes en las remuneraciones de funcionarios electorales y en la operación de los organismos locales, bajo principios de disciplina financiera.
Si bien el objetivo central es generar ahorros y hacer más eficiente el funcionamiento de los gobiernos, la medida ha comenzado a generar cuestionamientos sobre sus efectos reales.
Especialistas advierten que la reducción de regidores podría impactar en la representación política dentro de los cabildos, mientras que el límite presupuestal a los congresos abre la discusión sobre su capacidad operativa.
La reforma se da en un contexto donde el discurso de austeridad ha sido uno de los ejes centrales de la política pública, aunque su aplicación en estructuras locales plantea nuevos retos.
Más allá del ajuste numérico, el cambio coloca sobre la mesa una pregunta de fondo: si la reducción de estructuras se traducirá en un ahorro tangible o si sus efectos se verán reflejados en otros aspectos del funcionamiento gubernamental.
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