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POR LA LIBRE // “Las obras sí tienen dueño (y se nota)”…

POR EDELMIRA CERECEDO GARCÌA.

En El Mante luego pasa algo curioso: cuando empiezan a moverse las cosas, hay quien quiere colgarse la medalla… pero la placa trae nombre y apellido.

La reciente visita del secretario de Obras Públicas, Pedro Cepeda Anaya, no fue de paseo ni de cortesía. Fue de trabajo. De revisar, de empujar y de dejar claro de dónde vienen las cosas que hoy sí están caminando.

Porque hay que decirlo como es: el impulso que hoy mantiene a El Mante en rumbo viene desde el Gobierno del Estado, encabezado por Américo Villarreal Anaya. Es ahí donde se están gestionando los recursos, donde se están armando los proyectos y desde donde se está marcando el paso para que las obras no se queden en promesas.
Ahí están los hechos.

La rehabilitación de vialidades que ya urgían, el mejoramiento de infraestructura urbana, los trabajos que empiezan a darle otra cara a distintas zonas del municipio. No son casualidad, ni ocurrencia: son parte de un plan estatal que está bajando directo al territorio.

Y cuando el secretario llega, recorre, supervisa y pone atención en cada detalle, el mensaje es sencillo pero contundente: las obras tienen seguimiento, tienen respaldo y tienen origen.

Aquí no se trata de discursos largos ni de ver quién habla más fuerte. Se trata de ver quién está haciendo que las cosas pasen. Y hoy, en El Mante, lo que sí está avanzando trae sello estatal.
Porque cuando hay dirección, hay obra. Y cuando hay obra… la gente lo nota.

“Fe pública, fe privada… y el teatro que nadie pidió”

A ver, pongamos orden porque aquí se revuelven cosas a conveniencia.
En un Estado laico, como el nuestro, nadie absolutamente nadie
está impedido de tener fe. Un gobernante puede creer en Dios, ir a misa, rezar el rosario o lo que su conciencia le dicte. Eso no solo es válido, es un derecho. El problema no es la fe… es cuando la fe se usa como utilería política.

Porque hay diferencias que la gente sí percibe.
Ahí tienes casos claros: Mariela López Sosa y Frank de León. Son figuras públicas que profesan su religión de forma natural, sin disfraz, sin poses. Van a misa porque creen, no porque haya cámaras. Y eso, guste o no, se siente auténtico.
Pero también está el otro lado… el de quienes descubren la “fe” justo cuando hay reflector. El de quienes se asoman a ceremonias religiosas no por convicción, sino por cálculo. Porque saben que en una sociedad mayoritariamente creyente, la foto en la iglesia vende más que cualquier discurso técnico.

Y ahí es donde entra el ruido.

Cuando una figura pública, como Patricia Chío, cuya formación religiosa es distinta, aparece en escenarios que no corresponden a su práctica habitual, la pregunta no es de fe… es de coherencia. No es un tema de “qué religión es mejor”, sino de qué tan genuino es el acto.

Porque una cosa es respetar todas las creencias como debe ser y otra muy distinta es brincar de una a otra según convenga al aplauso del momento.
Y no, esto no va de cuestionar creencias personales. Va de algo más simple: la congruencia. Esa que no necesita explicación, porque se sostiene sola. Esa que no cambia dependiendo del público.

Al final, la gente no es ingenua. Sabe distinguir entre quien cree… y quien quiere que le crean.

Y en política, como en la fe, hay algo que no se puede fingir mucho tiempo sin que se note: la autenticidad.

UAT

Tres estudiantes de primaria de Tamaulipas lograron medallas en la XXVI Olimpiada Nacional de Matemáticas, colocando al estado como referente nacional en talento infantil. Con apoyo académico de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, Jonathan Rigal González obtuvo plata, mientras que Andrea Vicencio Espinoza y Luis Uriel Reyna de la Cruz ganaron bronce.

El rector Dámaso Anaya Alvarado destacó el logro y reiteró el compromiso de seguir impulsando a la niñez en áreas científicas. La competencia se realizó de forma virtual el 18 de abril, y el resto de la delegación competirá presencialmente en mayo en Guadalajara.

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