Por: Luis Armando González Isas
Tres historias coinciden en el mismo momento y obligan a mirar con atención cómo están respondiendo nuestras instituciones: la educación, la política y la justicia. Tres escenarios distintos, pero un mismo fondo: resultados.
Ayer, el rector de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, Dámaso Anaya Alvarado, presentó su informe de actividades. Más allá del protocolo, dejó ver una universidad en movimiento: crecimiento en matrícula, fortalecimiento de becas, mejora en infraestructura y una apuesta clara por ampliar oportunidades para los jóvenes. En un entorno donde miles buscan un espacio para estudiar, estos avances no son menores. Hablan de rumbo, de orden y de visión. La educación, cuando se trabaja bien, no hace ruido pero transforma.
Pero mientras hay áreas que avanzan, otras generan tensión. Ayer también trascendió que desde Estados Unidos se habría solicitado la extradición del gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, junto con otros nueve servidores públicos. La noticia, por sí sola, sacude el escenario político. Sin embargo, más allá del impacto mediático, hay un punto clave: estos procesos no se resuelven con declaraciones ni con presión pública, sino con sustento legal, pruebas y procedimientos claros. Por lo pronto, cualquier avance dependerá de las instancias correspondientes en México; incluso, Estados Unidos tendría que esperar a que el Poder Legislativo determine si se da trámite a una solicitud de este tipo, especialmente por el tema del fuero. Es decir, más allá del ruido, será la ley y no la narrativa la que marque el camino.
Y si hablamos de temas que siguen pesando, el caso Naasón Joaquín García actual líder y apóstol de la iglesia La Luz del Mundo, quien asumió el cargo en 2014 tras el fallecimiento de su padre. Actualmente cumple una condena de más de 16 años de prisión en California desde 2022 por delitos de abuso sexual infantil, enfrentando además nuevos cargos federales por tráfico sexual y crimen organizado lo
cual todo ello en México vuelve a aparecer como una deuda pendiente. Mientras en Estados Unidos hubo investigaciones sólidas y sentencias contundentes, en México los procesos han sido cuestionados por su lentitud o falta de resultados. Esa diferencia no solo exhibe contrastes entre sistemas judiciales, también impacta directamente en la confianza de la sociedad. Porque cuando la justicia no llega de la misma manera para todos, las dudas crecen.
Así se dibuja el momento:
Una universidad que avanza y apuesta por el futuro.
Un caso político que exige claridad y apego a la ley.
Y un sistema de justicia que aún tiene retos por resolver.
Tres historias distintas, pero una misma exigencia: que las instituciones funcionen.
Porque al final, más allá de discursos, lo que la gente espera es algo básico pero fundamental: resultados.
Por hoy es todo y nos leemos en la próxima si el Primerísimo nos lo permite.
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