Tras la muerte de universitaria en Reynosa…
Víctor Hugo Martínez
La Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) se sumó al llamado de la sociedad civil, empresarios y la Diócesis de Reynosa-Matamoros para exigir a las autoridades federales y estatales un combate efectivo a la inseguridad.
El pronunciamiento surge tras la muerte de Camila Lozano, joven de 20 años e integrante de la Pastoral Juvenil, quien falleció el pasado 30 de abril durante un tiroteo en el que también perdió la vida el ingeniero petrolero Manuel Juárez.
La jerarquía católica rechazó las versiones que califican el suceso como un accidente.
«Camila no murió por una bala perdida», sino que «murió por una violencia que elegimos no detener», afirmó la institución.
Asimismo, el Diálogo Nacional por la Paz sentenció: «Rechazamos con firmeza el lenguaje que normaliza estas muertes. Hablar de ‘bala perdida’ o de ‘hecho aislado’ es una forma de invisibilizar la responsabilidad colectiva. Camila no murió por accidente. Murió porque existe un clima de violencia estructural, sostenida y tolerada».
Exigencia a los tres órdenes de Gobierno
En el marco del «Diálogo Nacional por la Paz», el Episcopado demandó un cambio en la estrategia de seguridad pública, señalando que la entidad requiere acciones concretas más allá de los discursos oficiales.
«Exigimos: Al Gobierno federal y a los Gobiernos estatales: a dejar de administrar la violencia y comenzar a erradicarla», añadió el organismo. «Las cifras de homicidios en Tamaulipas no son estadísticas: son vidas. Exigimos presencia efectiva del Estado, no sólo retórica de seguridad».
Duelo y movilización eclesial
Como acto de memoria y protesta, todas las parroquias de la Diócesis de Reynosa-Matamoros hicieron sonar sus campanas simultáneamente. La CEM expresó su solidaridad con la familia de la universitaria, destacando que el caso es reflejo de la situación que enfrentan miles de jóvenes en el país.
«Nos unimos al dolor de los padres de Camila, de su comunidad eclesial y de todos quienes la amaron», señaló el CEM.
«Apostamos por un México donde ningún joven tenga que morir para ser recordado», dijo. «Donde la paz no sea una promesa de campaña, sino una construcción cotidiana, paciente y colectiva».
Finalmente, el Episcopado instó a todos los sectores de la sociedad a colaborar en la reversión de la violencia e hizo un llamado a los grupos criminales para recapacitar sobre el daño irreparable que causan a la comunidad.
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