Por Edelmira Cerecedo Garcìa
No todos los días una universidad entrega su máxima distinción académica. Y mucho menos a una figura que ha dedicado su vida completa a la medicina, la investigación y al servicio público. El Doctorado Honoris Causa que la UAT otorgó al secretario de Salud federal, David Kershenobich, no fue solamente una ceremonia solemne; fue un mensaje claro de reconocimiento al conocimiento, al humanismo y al compromiso con México.
La presencia del gobernador Américo Villarreal Anaya dio todavía mayor relevancia al acto, resaltando el valor de fortalecer la salud pública desde la coordinación institucional y la visión humana que hoy necesita el país. Sus palabras dejaron ver algo importante: cuando educación, ciencia y gobierno caminan juntos, los resultados pueden sentirse en la vida de las personas.
Pero también fue notable la visión expresada por el rector Dámaso Anaya Alvarado, quien colocó a la Universidad Autónoma de Tamaulipas en un papel protagonista, como una institución que entiende los desafíos actuales y que apuesta por formar profesionistas con ética, sensibilidad y preparación de alto nivel.
La UAT no solamente reconoció a un hombre de ciencia; también reafirmó su compromiso con las grandes causas sociales. Y eso, en tiempos donde la educación superior debe responder con hechos a las necesidades de la sociedad, habla de una universidad viva, cercana y con visión de futuro.
El homenaje al doctor David Kershenobich deja una imagen poderosa: la de una academia que honra la excelencia, pero que también entiende que el verdadero conocimiento debe servir para transformar vidas.
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